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Escribir

«Me gustaría escribir más», «mi propósito es escribir una entrada todos los días». También nos valdría: «el portfolio de este tío mola que te cagas, ya me gustaría a mí tener tiempo (y las ganas) para actualizar el mío» o «quiero dedicarle tiempo a leer», «ponerme fuerte» o «mejorar mi inglés».

Qué pereza

Es que claro ahora ponerte a buscar un tema, documentarte, buscar alguna foto para que el post quede atractivo y sea viral, es que para tratarlo de forma mediocre…

Así no, no llego a la altura, no voy a parecer un experto.

Encima tengo un diseño patatero en mi blog, el tema por defecto, nada cool, vaya tipografía más común.

Un momento… ¿para qué quiero escribir?; Pero… ¿realmente quiero escribir?

Si es que normal, para que un trabajo, sea el que sea, resulte profesional y se salga del tiesto, hay que sudarlo. Horas sí, 10mil dicen, para ser un maestro en la materia, es que tiene que tener 10mil palabras porque sin SEO no existes. Puf, qué pereza.

Pues luego nos pegamos fácil y sin percibirlo, 15 o 20 minutos viendo stories, haciendo scroll, escogiendo qué ver en Netflix.

Para llegar a las horas, igual hay que pasar por los minutos antes.

Y si… dedicamos 15 minutos a escribir un párrafo sin mucho sentido, sin parecer los gurús del ámbito.

Y si… en una línea describimos el proyecto que acabamos de entregar.

¿Eso no es escritura? o ¿eso no es portfolio?

Esfuerzo-Beneficio

Antes de la Covid-19, íbamos a WordCamps y nos decían que fuéramos dueños de nuestro contenido, que creáramos un blog y que escribiéramos sobre el evento, porque hasta entonces no se acababa. (Tenéis que veros esta charla)

Pero tuitear es que es más fácil, abro la app, suelto tres hashtags y para colmo me dopo con suerte y un par favs —yo es que soy humilde—.

Una foto al insta, menudo chute, le dedico 5 minutos a elegir el filtro y 40 corazones —soy más influencer—.

¿Pero escribir? Si nadie usa ya los blogs, si ahora mejor un podcast y como yo de hablar poco, paso, subo una story que veo las visitas.

Puf, ahora coge, siéntate en el ordenador, dale a recordar contraseña, una pantalla en blanco.

¡Terror!

Lo peor de todo, ni un triste comentario me van a dejar, mejor desactivo comentarios, sólo llega spam. Ya si eso lo tuiteo y me llevo lo mejor de los dos mundos.

Felicidad

Supón que vencemos la resistencia, que pensamos que hacerlo es posible. Hacemos tantas mierdas que no nos reportan un alto valor todos los puñeteros días, simplemente porque nuestra cabecita ya no se resiste, porque ya están dentro, porque ya son hábitos.

Hay algunas piezas que ofrecen cierta resistencia al intentar encajarlas en la vida, como escribir o hacer un jarrón de arcilla, que aportan un mogollón de valor, del bueno, del duradero.

Cuestan tiempo y esfuerzo.

Cuánto más valor, mayor esfuerzo requieren. Aunque hay buenas noticias, la percepción es hackeable, no hablamos de drogas aquí.

Si planificar está bien, no digo que no, alcanzar la maestría lleva tiempo y es una verdadera gozada, requiere mucha práctica y planificación, pero el sentido de nuestra vida lo dan decenas de microhistorias que ocurren a nuestro al rededor en nuestro día, y tienen sentido, o al menos deben tenerlo, para nosotros.

En una ocasión hablé sobre ello. Reconectar con lo que realmente sientes y eres, pero para reconectar con «eso», primero tienes que empezar.

Que no nos engañen. Puedes hacerlo ya, ya podemos disfrutar de la vida, ya podemos llenarla de emociones, artefactos y hábitos, pero que sean imperfectos.

No lo hagas si no te da la gana. Pero si quieres hacerlo, si quieres experimentarlo, si te arde, es mejor hacerlo regular que no hacerlo.

Todo esto lo escribo para mí: experimenta, hazlo mal y planifica después.

PS: Cosas que sí planifico a día de hoy

  • Trabajo.
  • Esbozo de horario diario, para no tender al caos.
  • Tiempo de valor con personas que me importan.
  • La compra del café, plátanos, papel de cocina jumbo y la avena, que no falten.
  • Salidas en bici, actualmente sólo cuándo y dónde iré, alguna vez fui más obsesivo y puede que alguna vez escriba sobre ello.
  • Ejercicios para no ser un viejo decrépito con dolores crónicos de espalda. Me dan una pereza monstruosa, pero compensa, igual que lavarse los dientes y ducharse.

El resto son hábitos.

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